Comprender el nihilismo como destino histórico de Europa no conduce necesariamente a ver en nuestras actuales condiciones de mercantilización, desencantamiento, fragmentación y escepticismo tan solo los rasgos apocalípticos de la descomposición de la vieja imagen europea del mundo y del hombre. Puede entenderse también como la oportunidad de encontrar las condiciones de una nueva forma de experiencia y servirnos para avanzar en la conquista de una libertad que pasa por comprender y valorar cualquier verdad como interpretación. Esto plantea, sobre todo la cuestión de si, tras dos milenios de metafísica y de moral dogmáticos, se puede contruir una cultura de la diversidad y de la coexistencia de valores de vida diferentes, que aprecie la pluralidad y el cambio como condiciones de su propio autoconocimiento.